momentos tienen algo de ajuste de cuentas, pero también de esperanza y libertad. Es la esperanza y la libertad que, en la mejor tradición de la literatura, provienen del humor y el distanciamiento, de quien no se toma tan en serio y desconfía hasta de sus propias creencias, de alguien que está “recolectando sufrimiento”, pero uno pequeño, porque no tiene madera de mártir.
En estos versos la belleza de las palabras cede ante el dolor, la enfermedad y la injusticia.
Pueden ser leídos como una crítica al estado del mundo y, al mismo tiempo, como el deseo genuino de estirar la mano en el vacío para “ver si alguien me la toma”. Por ello, en este libro dolorosamente hermoso confluyen brasas y lágrimas, jadeos y rencores, dureza y cariño.



